TIEMPO LLUVIOSO
Quiere empezar a llover; sobre el lago cuelga gris y opresivo el aire marchito. Camino por la playa, cerca de mi hospedaje.
Hay un tiempo lluvioso que refresca y alegra. No así hoy. Cae la humedad y asciende continuamente en el aire espeso; las nubes se resuelven, y pronto aparecen otras nuevas. En el cielo reina la incertidumbre y el mal humor.
Esta noche pediré que me asen pescado, y beberé con ello mucho vino. Con esto daremos un poco de esplendor al mundo y nos parecerá más soportable la vida. Encenderemos un buen fuego en la chimenea, para no sentir esta lluvia blanda y menuda. Me fumaré un buen cigarro, y sostendré el vaso de vino frente al fuego, para que parezca un sangriento rubí. Así lo haré. La noche llegará, podré dormir, y mañana todo será distinto.
La angustia volvió a aparecer, el ser abrazado por lo inalterable, la melancolía, el fastidio. ¡Qué insípido el mundo! ¡Qué atroz tener que levantarse mañana otra vez, tener que comer de nuevo, tener que seguir viviendo! ¿Para qué se vive pues? ¿Para qué se es tan estúpidamente bondadoso? ¿Por qué no se arroja uno al lago?
Contra esto no hay ningún remedio. No puedes ser un vagabundo y un artista al tiempo que un burgués y un honesto hombre sano. ¡Si quieres enborracharte, tienes que sufrir después las bascas! ¡Si dices sí al esplendor del Sol y a la noche fantasía, di también sí a la inmundicia y al asco! Todo esto está en ti, oro y basura, gozo y pena, sonrisas infantiles y angustias de muerte. Di sí a todo, no te preocupes por nada, ¡no intentes fingir! Tú no eres un burgués, tampoco eres un griego, no eres armónico y señor de ti mismo; eres un pájaro en la tormenta. ¡Deja que se enfurezca el temporal! ¡Déjate llevar! ¡Cuánto has mentido! ¡Miles de veces has imitado también, en tus poesías y libros, al armónico y al sabio, al dichoso y al decantado!
¡Señor, qué pobre mono y embustero es el hombre, sobre todo el artista, sobre todo el poeta, sobre todo yo!
Mandaré asar pescado y sacaré del largo cigarro grandes bocanadas de humo, y escupiré en el fuego de la chimenea, pensaré en mi madre e intentaré exprimir unas gotas de dulzura de mis angustias y tristezas. Luego me tenderé en una mala cama, entre delgadas paredes, oiré el viento y la lluvia, lucharé con los latidos del corazón, desearé la muerte, temeré la muerte, invocaré a Dios. Hasta que todo haya pasado, hasta que la desesperación esté fatigada, hasta que algo parecido al sueño y al consuelo se apodere de mí. Así sucedía cuando tenía veinte años, así me sucede hoy, así será siempre, hasta que llegue el fin. Siempre tendré que pagar mi amada y bella vida con estos días. Siempre habrán de venir estos días y noches, la angustia y el fastidio, la desesperación. Y, sin embargo, tengo que vivir, y , sin embargo, habré de amar la vida.
HERMANN HESSE

